Filosofía, Derecho y razonamiento probatorio: conversación con Jordi Ferrer Beltrán
En esta conversación de Ultima Ratio, el abogado penalista Antonio J. Rubio Martínez dialoga con Jordi Ferrer Beltrán, una de las voces decisivas en la filosofía del Derecho y en el estudio del razonamiento probatorio. Un viaje narrado desde la experiencia personal, las ideas que marcan una trayectoria y el papel que la prueba judicial ocupa en la construcción de decisiones racionales y garantistas.
Una vocación que empezó lejos del Derecho
Hay historias que comienzan con una elección clara. Esta no. Jordi Ferrer Beltrán no llegó al Derecho por convicción temprana, sino por descarte. Su idea inicial era la política, la militancia activa, la transformación social desde instituciones que entonces imaginaba cercanas. Pero estudiar Ciencias Políticas exigía trasladarse a Madrid y aquella posibilidad chocaba con la realidad económica familiar.
La alternativa parecía pragmática: si la política estaba poblada de juristas, estudiar Derecho era un camino lógico. Lo que no imaginaba es que esa decisión instrumental acabaría llevándole a una disciplina que transformaría por completo su mirada.
El azar intervino pronto: un profesor de filosofía del derecho —Jorge Malem Seña— le mostró que el Derecho podía pensarse, discutirse, analizarse conceptualmente. Frente a la repetición memorística de manuales, encontró una forma distinta de estudiar: problemas, argumentos, razones.
Ese descubrimiento tempranamente lo apartó de la idea de ejercer la abogacía o de seguir una carrera estrictamente doctrinal. Quería entender por qué el Derecho funciona como funciona. Y, sobre todo, cuándo lo hace bien.
La Filosofía del Derecho como manera de mirar el mundo jurídico
Desde muy pronto, Ferrer Beltrán percibió que una parte importante de la filosofía del Derecho se alejaba del Derecho mismo. Muchos autores hablaban de moral, política, coacción o fenómenos jurídicos generales, pero apenas se adentraban en los “problemas duros” del Derecho positivo: la validez de normas concretas, la estructura real de la argumentación, la forma en que un juez debe justificar la decisión sobre un hecho.
Esa distancia le parecía artificial. ¿Cómo puede un filósofo del Derecho no hablar del Derecho? ¿Cómo pensar la física sin hablar de átomos?
Con esa actitud crítica inició su tesis doctoral, centrada en las normas de competencia. Durante aquellos años aprendió las herramientas analíticas que marcarían su obra: precisión conceptual, rigor lógico, obsesión por los detalles que sostienen una teoría. Pero a la vez comprendió que ese campo estaba agotado. Sus palabras lo resumen: “Puedo pasarme veinte años discutiendo dónde colocar una coma, pero no creo que vaya a cambiar nada relevante.”
La cuestión no era abandonar la filosofía del Derecho, sino volverla útil, aplicarla a conflictos donde todavía no existían teorías desarrolladas.
Un encuentro que cambió una vida académica: Michele Taruffo
En ese momento apareció el segundo giro de su carrera. Un colega paraguayo, Daniel Mendonca, le preguntó casualmente si conocía La prova dei fatti giuridici, de Michele Taruffo. Aquel libro, aún no traducido al español, trataba de algo aparentemente técnico: la prueba de los hechos en el proceso judicial.
Lo abrió, comenzó a leerlo y entendió que estaba ante un territorio inmenso, poco explorado en lengua española y lleno de preguntas sin resolver.
La lectura se convirtió en una pasión. Y como ocurre con las grandes pasiones intelectuales, no tardó en transformarse en una búsqueda personal. Con ayuda de Paolo Comanducci, logró presentarse a Taruffo en un congreso en Almagro. El encuentro dio lugar a una anécdota memorable: al escuchar que quería traducir su libro, Taruffo no respondió, sino que lo empujó suavemente hacia otro académico: Perfecto Andrés Ibáñez.
“Nunca supe si había dicho algo inapropiado”, recuerda entre risas. Pero aquella escena sería el origen de dos relaciones decisivas: la de Taruffo como maestro intelectual y la de Perfecto Andrés como referente español en motivación judicial.
Lo demás vino solo: largas conversaciones, viajes a Pavía, correos interminables, dudas de traducción resueltas con la ayuda del procesalista Manuel Cachón, paseos de sábado comentando conceptos jurídicos. Un aprendizaje vivo, artesanal, casi artesanal, que muestra cómo se construyen las ideas cuando todavía no son teoría consolidada.
Aprender enseñando: el diálogo como método
Aunque Jordi Ferrer nunca ejerció como abogado, su contacto con la práctica jurídica ha sido intenso. Gran parte de su trabajo consiste en formar a jueces, fiscales y operadores jurídicos en España, Italia y América Latina.
En esas sesiones no se limita a explicar teoría: pregunta, escucha, discute. Y esa interacción le ha enseñado algo esencial: la teoría de la prueba sólo sirve si mejora decisiones reales.
Los profesionales del Derecho penal, defensa penal y valoración de la prueba le han mostrado que los problemas prácticos son más complejos que los libros. Y ese contraste, lejos de disuadirle, lo ha impulsado a enriquecer su pensamiento con la experiencia ajena.
Rumbo a Girona: el inicio de un proyecto colectivo
Tras doctorarse en la Pompeu Fabra y ejercer como ayudante, obtuvo plaza de profesor titular en la Universidad de Girona. El año 2000 llegó a una facultad pequeña, con un área de Filosofía del Derecho formada por sólo dos personas.
El escenario no parecía propicio para grandes planes. No había tradición, no existía una comunidad académica en probática y la prueba judicial era prácticamente un territorio virgen en España. Pero precisamente por eso era posible comenzar de cero.
La creación de una comunidad académica donde no existía nada
La transformación fue gradual. Y como todas las transformaciones profundas, se construyó sobre tres pilares:
La Cátedra de Cultura Jurídica
La colección “Filosofía y Derecho” de Marcial Pons
La revista Quaestio Facti
A ellos se sumaría años después el mayor proyecto internacional en la materia: la Michele Tarufo Girona Evidence Week.
Cada uno de esos espacios no sólo produjo conocimiento; también creó comunidad, atrajo investigadores, consolidó líneas de investigación y generó una identidad intelectual que hoy se reconoce en todo el mundo hispanohablante.
La Cátedra de Cultura Jurídica: un modelo poco común
La Cátedra nació en 2009, plena crisis económica. No se creó para sustituir a la universidad pública, sino para complementarla: ofrecer estabilidad económica y organizativa en un contexto donde los proyectos públicos sufrían de imprevisibilidad y falta de continuidad.
El modelo combinó mecenazgo privado —Marcial Pons, despachos, entidades— con apoyo institucional de la Universidad de Girona y la Diputación.
Gracias a ello pudieron:
contratar investigadores
planificar congresos con años de antelación
grabar y difundir conferencias en abierto
financiar proyectos editoriales
sostener actividades formativas internacionales
Hoy la Cátedra es una referencia en filosofía jurídica y prueba judicial. Y su canal de YouTube es un verdadero archivo intelectual: conferencias de autores como Perfecto Andrés, Juliana Mazzoni, José Luis Ramírez Ortiz, Marina Gascón y muchos otros.
La colección “Filosofía y Derecho”: una biblioteca para pensar el Derecho
La colección surgió de un gesto simple: un profesor que pasa muchas horas en una librería, conversa con quien la dirige y propone llenar un vacío editorial en lengua española.
Lo que empezó como una conversación informal terminó convirtiéndose en una colección con más de 160 títulos, verdaderamente imprescindible para estudiantes, investigadores y profesionales. Allí conviven obras de referencia en:
filosofía del Derecho
teoría jurídica
argumentación
razonamiento probatorio
epistemología aplicada
causalidad, estándares y motivación judicial
Además de traducciones de autores como Shauer o Moore, se publicaron clásicos que no existían en castellano. Para muchos juristas, esta colección fue —y es— una puerta de entrada a un modo más racional y garantista de pensar el Derecho.
Quaestio Facti: la revista que faltaba
La prueba judicial no tenía una revista especializada en español. Tampoco en italiano o francés. Era un vacío sorprendente para una disciplina crucial en el proceso penal y en la defensa penal.
Quaestio Facti se creó para ocupar ese espacio: una revista semestral, multilingüe, revisada por pares y en acceso abierto. Su financiación proviene de recursos públicos y permite que cualquier persona —estudiante, abogado, magistrado— acceda gratuitamente a trabajos especializados.
Un servicio público al conocimiento jurídico que rara vez recibe el reconocimiento que merece.
Michele Tarufo Girona Evidence Week: un congreso global
Con el tiempo llegó el proyecto más ambicioso. La Evidence Week es un encuentro trienal que reúne a investigadores de todo el mundo. No es sólo un congreso: es un punto de encuentro global donde conviven idiomas, tradiciones jurídicas y enfoques diversos.
La última edición reunió más de 50 workshops. Girona se convirtió, por una semana, en capital internacional del razonamiento probatorio.
La marca Girona
Hoy Girona no es sólo una ciudad. En el mundo jurídico hispanohablante es una marca intelectual: rigor, método, análisis racional del proceso, una forma de pensar la prueba alejada de intuiciones subjetivas.
Ese logro es colectivo: investigadores, editores, formadores, doctorandos, jueces y colegas de toda Iberoamérica. Pero, como reconoce el propio Ferrer Beltrán, todo empezó con una idea sencilla: pensar jurídicamente los problemas jurídicos reales.
Conclusión: el pensamiento como herramienta para la defensa penal
La conversación con Jordi Ferrer Beltrán no es sólo un recorrido biográfico. Es una lección sobre cómo se construyen las ideas que luego determinan la práctica jurídica: los estándares de prueba, la motivación judicial, el control de la arbitrariedad y la necesidad de que las decisiones se justifiquen racionalmente.
Para quienes ejercen en la defensa penal, para operadores jurídicos y para cualquier profesional que necesite comprender cómo se “prueban” los hechos en un proceso, esta conversación ofrece una brújula: sin razonamiento probatorio sólido no hay garantías, y sin garantías no hay verdadero proceso penal.
Episodio disponible en Spotify, Ivoox, Apple Podcast (Antonio J. Rubio Martínez), y en Ultima Ratio (Economist & Jurist), en https://www.economistjurist.es/category/podcast/ultima-ratio/